El Deseo: La Paradoja que Nos Hace Humanos
El deseo… esa chispa invisible que arde en cada uno de nosotros. A veces lo vivimos como una bendición, otras como una condena. Es el fuego que nos impulsa a levantarnos cada mañana, pero también la llama que nos roba la paz en las noches.
Los filósofos han discutido durante siglos su naturaleza. Para Schopenhauer, desear era sinónimo de sufrir, porque nunca se sacia. Spinoza, en cambio, lo veía como la afirmación misma de la vida: el impulso vital que nos empuja a perseverar en la existencia. Nietzsche fue más lejos aún: el deseo no es vacío, sino exceso, voluntad de poder, afirmación de la vida en toda su intensidad.
Gracias al deseo encendimos el fuego, navegamos océanos, levantamos templos y escribimos poemas. Pero también, por el deseo, hemos librado guerras, destruido ecosistemas y consumido hasta el agotamiento. El deseo es creador y destructor al mismo tiempo.
La psicología moderna nos recuerda que gran parte de lo que creemos “nuestros” deseos en realidad son moldeados por otros: la cultura, la sociedad, la publicidad, incluso los algoritmos que nos dicen qué soñar. Lacan lo resumía de forma brutal: “El deseo es siempre el deseo del Otro.” Y en un mundo hiperconectado, esa afirmación pesa más que nunca.
Pero también hay deseos que trascienden lo superficial: el deseo de comprender quién soy, de amar profundamente, de encontrar un sentido. Viktor Frankl lo descubrió en los campos de concentración: incluso en las peores circunstancias, el deseo de sentido puede mantener viva a una persona.
El deseo, entonces, no es algo que deba ser eliminado ni seguido ciegamente. Es una paradoja con la que convivir. Hay deseos que me elevan —aprender, crear, conectar— y deseos que me hunden —poseer, controlar, dominar. El desafío está en discernir cuáles alimentar y cuáles dejar morir de hambre.
Y, sin embargo, hay una pregunta que nunca deja de inquietarme:
Si el deseo nunca se sacia, si siempre me arrastra hacia lo que aún no tengo… ¿qué haría yo? ¿Apagarlo para descansar, o abrazarlo aunque me consuma?