Spinoza: El hombre que pensó como Dios

Baruch Spinoza no fue un rebelde: fue un buscador de verdad.
Nació en 1632 en Ámsterdam, dentro de una familia judía exiliada. Desde joven se atrevió a hacer una pregunta prohibida:
¿Y si Dios no está fuera, sino dentro de todo lo que existe?

Esa pregunta lo cambió todo.
Fue expulsado, maldito y condenado al silencio.
Pero mientras el mundo lo rechazaba, él encontraba la libertad en sus pensamientos.
Puliendo lentes para vivir, comprendió que, así como el vidrio deja pasar la luz, el pensamiento deja pasar la verdad.

De esa claridad nació su visión más profunda:
Dios no es un ser separado del universo… Dios es el universo mismo.
La naturaleza, la mente, la materia, el alma — todo es una sola sustancia infinita.

Spinoza no quiso destruir la religión, sino liberar al ser humano del miedo.
Decía que la verdadera libertad nace al comprender por qué sentimos y actuamos.
Y que “el sabio no se burla, no se lamenta, no odia… comprende.”

Murió joven, pero su pensamiento trascendió los siglos.
Einstein lo resumió mejor que nadie:

“Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la armonía de lo que existe.”

Spinoza nos enseñó que la divinidad no está en los templos, sino en cada átomo del universo.
Y que cuando comprendemos eso…
dejamos de buscar a Dios, porque lo encontramos dentro de nosotros.

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