María Marta Moreiro María Marta Moreiro

El Espejo que Engaña

Cada mañana te miras al espejo. Ves tu reflejo… pero lo que define tu día no es esa imagen, sino lo que te dices en silencio: “No soy suficiente”, “No lo lograré”, “No valgo tanto.”
Esa voz interior, llamada autoestima, moldea tu vida entera. Si es fuerte, te impulsa. Si es débil, te encierra.

Nadie nace dudando de su valor. La baja autoestima se construye con críticas, comparaciones y heridas no sanadas. Pero también puede reconstruirse.
Porque lo que se aprende… se puede desaprender.

Tu autoestima es el filtro con el que miras el mundo:

  • Si crees que vales, eliges mejor, te cuidas más, avanzas con fe.

  • Si crees que no, aceptas migajas y te escondes tras el miedo.

La vida no te da lo que mereces, sino lo que crees merecer.
Por eso, hablarte con respeto, cumplir tus promesas y rodearte de personas que te reflejen lo mejor de ti no es egoísmo: es amor propio.

La próxima vez que te mires al espejo, no busques defectos.
Dite en voz alta:
“Soy imperfecto, pero suficiente. Soy digno de amor y respeto.”

Porque el día que lo creas, nadie podrá hacerte sentir lo contrario

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

La Resiliencia: El Arte de Renacer

Hay fuegos que no se apagan, aunque el viento sople con furia.
La resiliencia es ese fuego interior que se niega a morir. No se trata de resistir hasta que pase la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia.

La vida no siempre avisa. A veces te rompe. Pero ahí, entre los pedazos, nace algo nuevo: una versión de ti más sabia, más libre, más auténtica.
La resiliencia no es dureza, es flexibilidad. Como el bambú que se dobla pero no se quiebra.

No se construye de un día para otro. Se entrena con pequeños actos: aceptar lo inevitable, celebrar los avances mínimos, pedir ayuda, cuidar el cuerpo y dar sentido al dolor.
Cada herida puede ser una puerta. Cada caída, un impulso.

Porque el alma invencible no es la que nunca cae, sino la que siempre vuelve a levantarse.
Y tú también puedes hacerlo.
Hoy decides si tu historia termina… o comienza de nuevo.

 Levántate. Renace. Inspira.

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

El Poder de las Decisiones

¿Alguna vez pensaste que tu vida, tal como es hoy, está construida sobre una cadena de decisiones?
No solo las grandes, también las pequeñas. La hora en que te levantaste, la llamada que pospusiste, la palabra que no dijiste… cada gesto abre o cierra caminos que nunca vuelven a repetirse.

Decidir es poder. Y también es responsabilidad. Muchas veces creemos que nuestro destino depende de la suerte o del azar, pero la verdad es que lo que llamamos “destino” no es otra cosa que la suma de nuestras elecciones.

 

El peso de una elección

Imagina lanzar una piedra en un lago.
Las ondas se expanden hasta la orilla. Eso es una decisión: lo que parece mínimo genera consecuencias que no podemos medir de inmediato.

Quizás años después, mirando hacia atrás, reconoces que aquella palabra, aquel sí o aquel no, transformaron tu historia. No fueron solo los grandes hitos: la vida se define en lo pequeño, y lo pequeño construye tu carácter. Y tu carácter define tu futuro.

 

El miedo que paraliza

Si elegir fuera fácil, todos viviríamos vidas extraordinarias. Pero hay un enemigo silencioso: el miedo.
El miedo a equivocarte, a perder, a no ser aprobado por los demás.
Y entonces, decides no decidir.

Aquí está la verdad incómoda: no decidir también es una decisión.
Cuando cedes el timón a otros —al sistema, a tu rutina, a tus miedos— un día despiertas y te preguntas: ¿cómo llegué aquí?

 

El arte de decidir con conciencia

Decidir no es lanzar una moneda ni seguir impulsos ciegos. Es un arte que se puede aprender.
La decisión consciente empieza con una pregunta:

 ¿Esto me acerca o me aleja de la persona que quiero ser?

Pregúntate también:

  • ¿Esto honra mis valores?

  • ¿Esto lo elijo por amor o por miedo?

Una elección desde el miedo siempre encadena. Una elección desde el amor siempre libera.

 

Decisiones que cambian destinos

Algunas decisiones individuales cambiaron la historia: Mandela levantándose contra la injusticia, Rosa Parks negándose a ceder un asiento, Steve Jobs eligiendo seguir su pasión.

No todos aparecemos en los libros, pero todos escribimos nuestra propia historia.
Y muchas veces lo que parece pequeño —perdonar, renunciar a lo que te asfixia, hablar cuando tiembla tu voz— puede ser el giro de tu vida entera.

 

El precio de no decidir

No decidir también tiene un costo, y es altísimo: tiempo perdido, sueños no vividos, oportunidades que se escapan.
La vida no espera a que te pongas de acuerdo contigo mismo. El reloj no se detiene. Y lo que más duele no son los errores, sino las oportunidades no tomadas.

 

Cómo fortalecer tu poder de decisión

Decidir es un músculo. Empieza en lo pequeño:

  • Elige cómo empieza tu día.

  • Elige a qué prestas atención.

  • Elige tus palabras.

  • Elige tus batallas.

Cada pequeña elección fortalece tu carácter y te prepara para los grandes momentos.

 

Razón y corazón: el equilibrio

El corazón sueña, la mente organiza.
El arte de decidir no es elegir uno y callar al otro, sino escuchar a ambos y encontrar coherencia en el alma.
Cuando eliges desde ahí, aunque el camino sea difícil, hay paz. Y esa paz es señal de que decidiste bien.

 

El momento es ahora

Esperar el “momento perfecto” es otra forma de no decidir.
Siempre habrá dudas, riesgos, voces que digan “no”.
El único momento que existe es este: ahora.

Pregúntate:
 ¿Qué decisión estoy postergando?
 ¿Qué sueño espera mi valentía?

No necesitas garantías, necesitas coraje.

 

Tu vida dentro de diez años será la suma de las decisiones que tomes desde hoy.
No es la suerte, no es el azar. Es tu claridad, tu coraje, tu capacidad de elegir.

Mírate al espejo y di:
“Hoy decido. Hoy elijo. Hoy escribo mi historia con mis propias manos.”

Porque al final, no somos lo que soñamos, ni lo que tememos.
Somos las decisiones que nos atrevemos a tomar.

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

La Fuerza de la Perseverancia: El Camino Invisible que Nos Transforma

La perseverancia no es simplemente insistir hasta alcanzar un objetivo. Es mucho más que eso. Es un acto silencioso de amor propio, una declaración de fe en lo invisible, un recordatorio constante de que, aunque el camino sea duro, cada paso nos acerca a un destino más grande del que imaginamos.

He aprendido que perseverar no significa nunca caer, sino tener la valentía de levantarse una y otra vez, incluso cuando las fuerzas parecen agotadas. La vida nos prueba constantemente: con puertas cerradas, con fracasos, con silencios que duelen. Y, sin embargo, cada caída trae consigo una lección. Cada obstáculo se convierte en un entrenamiento del alma.

La perseverancia como maestro silencioso

Nadie aplaude las madrugadas de esfuerzo, las lágrimas escondidas ni las veces que pensamos en rendirnos. La gente suele ver solo el resultado final, no el proceso. Pero ahí está la magia: la perseverancia no busca reconocimiento externo, sino transformación interna.

Es un diálogo íntimo entre nosotros y la vida. Con cada intento, con cada paso, enviamos un mensaje al universo: “No me rindo. Confío en lo que aún no puedo ver”. Y la vida, de una manera misteriosa, siempre responde.

Un camino espiritual y humano

La perseverancia no es un talento reservado a unos pocos, es una decisión diaria. Una elección que nace del amor: amor por nuestros sueños, por lo que deseamos construir, y por la vida misma. Porque nadie insiste en algo que no ama profundamente.

En lo espiritual, perseverar es una oración sin palabras. Es caminar de noche confiando en que habrá un amanecer. En lo humano, es levantarse por los hijos, por un sueño, por la simple certeza de que rendirse no es una opción.

El legado de quienes insisten

Todo lo que cambió el mundo nació de alguien que se negó a rendirse. La historia está llena de ejemplos, pero la verdad más poderosa es esta: tú también tienes dentro esa misma fuerza. No es algo externo, no es un don mágico. Está en cada decisión de seguir, aunque el cansancio pese, aunque la esperanza flaquee.

Un recordatorio final

Si hoy sientes que no puedes más, escucha esto: da un paso más. Aunque parezca pequeño, aunque nadie lo note. Ese paso puede ser el que abra la puerta que llevas tanto tiempo buscando.

La perseverancia no elimina las dificultades, pero te transforma a ti en alguien capaz de superarlas. Y un día mirarás atrás y entenderás que cada lágrima, cada fracaso y cada noche oscura valieron la pena. Porque nunca te rendiste. Porque elegiste perseverar.

 


No importa cuántas veces caigas. Lo que realmente importa es cuántas veces decides levantarte. Tu destino no depende de la suerte, sino de tu perseverancia.

 

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

La Esperanza

Hay noches en las que el silencio pesa más que cualquier palabra. No porque esté vacío, sino porque dentro laten preguntas que no me animo a decir. Y, aun así, debajo de ese peso algo sigue ardiendo. Es pequeño, casi invisible, pero está: le digo esperanza.

La esperanza no es optimismo. El optimismo quiere pruebas, estadísticas, garantías. La esperanza, en cambio, es presencia. Una mano que te acompaña en la oscuridad sin preguntar la hora. No es ingenua ni evita la grieta: la ve, la toca, y aun así decide quedarse. No promete finales perfectos; promete compañía en el camino.

El fuego que no se apaga

Hubo días en los que me escondí tras pantallas y tareas inútiles para no escuchar el ruido del miedo. Y cada vez que yo huía, la esperanza permanecía. No me gritaba, no me perseguía. Solo permanecía, como una brasa que no se apaga aunque cambie el viento. Como ese punto de luz detrás de una cortina cuando la ciudad duerme.

Con el tiempo entendí que no vive solo en la cabeza: se habita con el cuerpo. Se enciende en la respiración. Inhalo, y me doy cuenta de que el aire entra aunque yo me crea menos. Exhalo, y entiendo que puedo soltar. La esperanza es un acto físico: es hacer espacio.

No promesas, sino permisos

También me enojé con ella. Le dije: “¿Cómo vas a quedarte si yo ya me despedí de todo?”. Y entonces comprendí: no es una orden, es un permiso. Me susurra: podés volver a intentar, podés fracasar sin volverte fracaso, podés llorar sin transformarte en tristeza. No me promete barcos: me da costillas.

A menudo se disfraza de lo pequeño: el olor a café, un mensaje inesperado, un rayo de sol dibujando un rectángulo tibio en el piso. No da discursos, hace señales. Y cuando el dolor aprieta, no compite: no dice “no duele”. Se sienta conmigo a hacer guardia. Y en esa paciencia nace una fuerza rara, silenciosa, que no necesita testigos.

Un eje, no un placebo

Me prometí no ilusionarme para no caer. Usé el escepticismo de escudo, y por un tiempo me protegió… pero el escudo pesa. La esperanza, en cambio, es liviana: no fuerza puertas, espera en el umbral. No es placebo: es un eje.

Cuando estoy por decidir por miedo, se acerca y pregunta: “¿Es lo que deseás… o lo que te dicta el miedo?”. Esa pregunta duele, pero ordena. Es un péndulo que me enseña a volver al centro. Me devuelve cuando respiro mejor, cuando acepto que hoy no puedo con todo y que mañana no tiene que parecerse a hoy.

Acción, no espera vacía

Eso sí: mal entendida, la esperanza se convierte en espera vacía. No es quedarse mirando un punto fijo; es caminar con ella al lado. La verdadera esperanza pide participación. Te da la mano, pero también te pone de pie. Te empuja a ordenar un cuarto, mandar un correo, decir “no” cuando toca. No te salva de tu historia: te devuelve el lápiz.

Por eso es músculo: se entrena. Con cada gesto, con cada paso aunque no tengas ganas. No siempre vas a estar motivado, pero si te detenés y respirás, vas a sentir su eco. Y con ese eco alcanza para dar el primer paso.

La ternura como llave

La ternura abre la puerta. Cuando me digo: “lo estás intentando”, el miedo afloja sus tornillos y la esperanza entra. No hay magia: hay elecciones pequeñas. Si aparece el “no vas a poder”, lo atiendo como a un vendedor en la puerta: “Gracias, hoy no”. Si me comparo, imagino ese pensamiento en un tren y lo dejo pasar.

La esperanza también sabe decir “no”: a lo que drena, a lo que brilla vacío, a moldes que me quiebran. Ese “no” no es orgullo, es cuidado. Guarda brasas para un fuego que aún no encendí.

Oficio paciente

Es un oficio, como la música: se aprende torpemente. Un día, de tanto intentar, aparece un acorde. Luego otro. La música no surge por magia, sino porque te quedaste lo suficiente para escuchar.

Yo me quedé. No siempre, pero incluso en mis días de fuga, una esquina de mí seguía diciendo: “Mañana puede ser distinto”. Ese “distinto” es la rendija por donde entra el aire.

Una palabra preciosa

El lenguaje importa. “Siempre” y “nunca” son celdas. “Hoy” abre. Y hay una palabra preciosa: todavía.
No puedo… todavía.
No llegó… todavía.
Esa sola palabra devuelve aire.

No necesito ver toda la escalera para subir un escalón. La esperanza me toma del codo: “Uno. Ahora otro”. Y así. Avanzamos sin épicas, paso a paso.

El arte de permanecer

La ilusión no es esperanza. La ilusión es globo que se va; la esperanza, cuerda que te conecta con lo que todavía no ves. Es paciencia activa: no espera que todo se resuelva solo. Pone la mesa aunque haya nubes. Prepara el jardín porque sabe que el sol volverá.

Tener esperanza no significa no caer; significa no mudarte al piso. Después del golpe, es la voz que pregunta: “¿Y si lo intentamos de otra forma?”. Y esa sola pregunta ya te levanta la mirada.

En días grises no te pide correr, te pide presencia. Beber agua. Abrir la ventana. Cinco minutos de aire. Esos actos te recuerdan: “Sigo acá”. Y cuando estás acá, el futuro tiene a quién llegar.

 

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

La fe que queda cuando todo se derrumba

La fe… no es lo que me enseñaron. Es lo que quedó cuando todo lo demás se derrumbó.

Creí en promesas, en la estabilidad de la vida, en mis propias fuerzas. Y un día, todo eso se vino abajo. Lo único que siguió en pie fue algo invisible que me mantenía respirando: la fe. No hablo de esa fe cómoda, repetida de memoria en una oración infantil. Hablo de la fe cruda, desnuda, que aparece cuando no queda nada y aun así dices: “No es el final.”

San Pablo la definió como “certeza de lo que se espera y convicción de lo que no se ve”. Lo entendí en teoría, pero no lo viví hasta que lo que más temía se hizo realidad. Entonces descubrí que la fe no es un escudo para evitar el dolor; es el coraje de atravesarlo.

Los filósofos han debatido siglos sobre ella. Pascal la veía como la apuesta más segura, Nietzsche como una muleta de los débiles. Yo aprendí que la fe no se discute en un escritorio: se prueba en la carne. La psicología la describe como un ancla emocional, pero para mí fue fuego: un impulso que me empujó a seguir caminando cuando todo me pedía rendirme.

La fe madura cuando deja de ser súplica y se convierte en declaración. Ya no dices: “por favor, que esto pase”, sino: “aunque no pase, yo seguiré”. Ese quiebre cambia todo. Porque la fe auténtica no siempre es luz y calma: también es fuego que quema lo que no sirve, aunque duela. La fe exige, incomoda, rompe patrones de apego. Te obliga a soltar lo seguro para descubrir que no dependías de ello.

La religión, la filosofía, la psicología y la metafísica coinciden en algo: la fe no es garantía de resultados. Es más bien un salto al vacío, una fuerza resiliente, una vibración que conecta con futuros invisibles. Y lo curioso es que, cuando dejas de usarla como talismán, se vuelve más poderosa. Porque ya no depende de lo que recibas: depende de lo que decides ser.

La fe auténtica no espera milagros. Avanza incluso cuando el milagro no llega. Es un faro en medio del mar embravecido: no calma las olas, pero te recuerda que hay tierra firme, aunque aún no la veas.

Si dejas que tu fe crezca, prepárate: ya no habrá vuelta atrás. Verás cuánto de lo que llamabas fe era solo miedo disfrazado. Y eso duele. Pero también libera. Porque la fe verdadera no es para quienes buscan certezas, sino para quienes se atreven a caminar sin ellas.

Así que la pregunta es inevitable:
¿Tu fe es tuya, o solo repites lo que te dijeron que creyeras?

Porque el día que todo se derrumbe —y ese día llegará— no será tu oración ni tu filosofía lo que te sostenga. Será tu decisión. Creer… o no creer. Aunque el cielo esté vacío. Aunque nadie responda. Aunque duela.

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

El miedo: enemigo, brújula y maestro

¿Alguna vez sentiste que tu corazón corrió antes que tus pies? Ese latido que se adelanta a tu mente como si supiera algo que vos todavía no entendés. Eso es miedo. Ese guardián invisible que aparece en la puerta de cada cambio importante.

El miedo tiene mil nombres: prudencia, ansiedad, “no es el momento”, “cuando mejore”, “cuando tenga más dinero”. Le ponemos máscaras para hacerlo más amable, pero en el fondo, casi siempre, es la misma fuerza que nos ata a lo conocido y nos aleja de lo que queremos.

Dos caras del miedo

  • El miedo biológico: es instinto puro. El freno de mano que nos salvó como especie durante millones de años.

  • El miedo imaginario: no protege del presente, sino de un futuro inventado. No evita un peligro real, sino el movimiento. Y el movimiento es vida.

Lo curioso es que miedo y excitación se sienten igual en el cuerpo: palpitaciones, manos sudorosas, respiración acelerada. La diferencia está en la historia que contamos sobre esas sensaciones.

El disfraz elegante del miedo

De chicos tenía forma de monstruo bajo la cama. De adultos aprendió a usar traje y argumentos razonables: “sé prudente”, “no es el momento”, “tené metas más realistas”. Se volvió sofisticado y lo confundimos con sabiduría.

Pero hay una prueba simple:

  • Si después de decidir sentís alivio con expansión → era prudencia.

  • Si sentís alivio con encogimiento → era miedo.

El cuerpo no miente.

El miedo en tu vida

  • Relaciones: miedo a amar, a perder, a mostrarte vulnerable.

  • Decisiones: miedo a equivocarte, a cerrar puertas, a fracasar… y también al éxito.

  • Sentimientos: miedo a la tristeza, a la ira, a la soledad, incluso a la alegría intensa.

Lo que más temés, casi siempre, se parece a lo que más valorás. Si temés el rechazo, valorás la pertenencia. Si temés el fracaso, valorás el impacto. Si temés el éxito, valorás la libertad.

El miedo como maestro

El miedo no siempre es un ladrón. A veces es un mapa. Marca la frontera exacta donde empieza tu crecimiento. No vino para destruirte, vino para preguntarte:
¿Estás lista?

Si tu respuesta es excusas, te estampa “Posponer”.
Si tu respuesta es conciencia y acción, cambia el sello a “Pasá”.

Cómo usar al miedo a tu favor

  • Nombralo: el miedo pierde poder cuando deja el anonimato.

  • Preguntate: ¿me protege de un daño real o de un cambio?

  • Entrená al cuerpo: pequeñas victorias generan evidencia interna de que sí podés.

  • Cambiá la narrativa: no es “no soy bueno en esto”, es “estoy aprendiendo a”.

El miedo no se va a ir: es parte de vos. Pero no tiene que manejar tu vida. Vos decidís si es un capitán o un copiloto.

 

 El miedo no es una muralla, es una frontera. Y en esa frontera empieza tu vida más grande.

Te invito a dejar en los comentarios:


 ¿Qué vas a hacer hoy que te dé un poco de miedo pero te acerque mucho a lo que querés?

 

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El arte de soltar: entre el amor y el apego

Hay hilos invisibles que se tejen entre el corazón y aquello a lo que nos aferramos: una persona, un lugar, una idea. Al principio parecen caricias, refugios donde sentimos pertenencia. Pero con el tiempo, el apego puede transformarse en una jaula sutil, hecha de silencios guardados, rutinas adaptadas y miedos disfrazados de amor.

El apego no es malo por sí mismo: nace de nuestro instinto de sobrevivir, de no soltar lo que sentimos vital. Pero cuando confundimos amar con necesitar, el riesgo ya no es perder al otro, sino perdernos a nosotros mismos.

El verdadero amor no exige cadenas ni contratos silenciosos con el miedo. El amor fluye, respira y deja espacio. El apego, en cambio, aprieta hasta que olvidamos nuestro propio ritmo.

Aprendí que soltar no significa dejar de amar, sino amar con libertad. Es abrir las manos, aceptar que nada ni nadie nos pertenece, y entender que lo único verdadero es lo que permanece por elección.

Vivir con amor y libertad es agradecer el presente sin exigir eternidad. Es reconocer que elegirme a mí no es egoísmo, sino la única manera de ofrecer un amor pleno.

Así que pregúntate: ¿lo que sientes es amor que libera o apego que aprieta? La respuesta puede ser la llave para abrir tu propia jaula.

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

Razón vs. Emoción: el eterno pulso del ser humano

Desde que el ser humano comenzó a preguntarse por su existencia, un debate silencioso ha latido en el interior de cada uno de nosotros: ¿debemos guiarnos por la razón o por la emoción?.
Ambas fuerzas conviven en un delicado equilibrio, como dos corrientes que, a veces, se complementan y, otras, se enfrentan con la intensidad de una tormenta.

 

La razón: el faro de la mente

La razón es el mecanismo que nos permite analizar, deducir y planificar. Es la brújula lógica que ilumina los caminos cuando todo parece confuso. Gracias a ella tomamos decisiones calculadas, evitamos riesgos innecesarios y construimos sociedades con leyes, ciencia y estructuras estables.
Sin embargo, cuando la razón domina sin límite, puede volvernos rígidos, fríos y desconectados de la esencia humana. Una vida puramente racional puede ser segura… pero también vacía.

 

La emoción: el fuego del corazón

La emoción, en cambio, es la fuerza que nos mueve, el motor de nuestra creatividad, empatía y pasión. Es lo que nos impulsa a amar, a soñar y a arriesgarnos aun cuando las estadísticas digan que no vale la pena.
Sin emociones, la vida sería una sucesión de cálculos sin alma. Pero, si dejamos que dominen por completo, podemos caer en la impulsividad, el caos o decisiones que más tarde lamentamos.

 

La danza entre ambas

Lo fascinante es que no existe un verdadero enfrentamiento entre razón y emoción, sino una danza eterna.

  • La razón analiza el camino.

  • La emoción da el impulso para caminarlo.

Cuando logramos que ambas dialoguen, surge la sabiduría: la razón nos ayuda a no perdernos en excesos y la emoción nos recuerda que estamos vivos.

 

¿Cómo lograr el equilibrio?

  1. Escucha interior: reconocer lo que sientes sin dejar que se vuelva un huracán incontrolable.

  2. Reflexión consciente: antes de actuar, pregúntate: ¿esto nace de un impulso o de un análisis? ¿o de ambos?

  3. Prácticas de armonía: la meditación, la escritura o incluso caminar en la naturaleza permiten unir lo que la mente piensa y lo que el corazón siente.

 

Razón y emoción no son enemigas, sino dos caras de la misma moneda. La una sin la otra se vuelve incompleta. Cuando aprendemos a escucharlas en conjunto, nuestras decisiones se vuelven más auténticas y nuestra vida más plena.

Quizás, el verdadero secreto no está en elegir entre razón o emoción… sino en aprender a vivir con el corazón encendido y la mente despierta.

 

 ¿Y tú? ¿Sientes que tu vida está más guiada por la lógica de la razón o por el fuego de la emoción?

 

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

El Amor: La Fuerza que Nos Despierta

El amor… palabra que ha cruzado siglos y corazones. ¿Es química, ilusión o la energía más poderosa que existe?

La ciencia nos dice que al amar el cerebro se ilumina: dopamina, oxitocina y serotonina danzan, cambiando nuestro cuerpo y mente. Pero la biología no alcanza: ningún escáner puede medir la intensidad de un corazón que late por otro.

La psicología revela que aprendemos a amar desde la infancia, y que cada abrazo o ausencia marca nuestro mapa emocional. Sin embargo, siempre podemos reescribirlo, empezando por el amor propio: no como egoísmo, sino como raíz de todo vínculo sano.

La filosofía nos recuerda que el amor es tantas cosas como miradas existen: Platón lo vio como búsqueda de la mitad perdida, Nietzsche como valentía, Simone de Beauvoir como un acuerdo entre libertades. Y en la espiritualidad, el amor es energía universal, la vibración del chakra corazón, la esencia de lo divino.

No todo es luz: también existen celos, miedo y dependencia. Pero incluso en la herida, el amor enseña a soltar. En la era digital, se vuelve líquido y efímero, pero seguimos buscando lo real: un abrazo que no necesita Wi-Fi.

Amar es un acto de valentía. Es elegir la compasión sobre el orgullo, la entrega sobre el miedo. Imagina un mundo donde todos amáramos un poco más y temiéramos un poco menos. Ese mundo comienza contigo.

Ama sin miedo. Ama con conciencia. Porque solo cuando amamos… despertamos.

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

Los 7 cuerpos del ser humano según la Teosofía

Desde siempre, el ser humano se ha preguntado quién es realmente. ¿Soy solo este cuerpo que habita el mundo físico? ¿Soy mi mente, mis emociones, mi espíritu? La teosofía, corriente filosófica y espiritual que busca unir ciencia, religión y filosofía, ofrece una respuesta fascinante: el ser humano está formado por siete cuerpos o principios, que van desde lo más denso hasta lo más sutil.

Cada cuerpo es como una capa de un mismo ser. Comprenderlos no es un ejercicio intelectual solamente, sino una invitación a reconocer nuestra naturaleza múltiple y a vivir en mayor armonía con todas nuestras dimensiones.

 

1. El Cuerpo Físico

Es el vehículo tangible, la materia que habitamos en el mundo. Nos permite experimentar la realidad concreta: caminar, sentir, actuar. Pero en la visión teosófica, este cuerpo es apenas el primer escalón, la parte más densa de un sistema mucho más amplio.

 

2. El Cuerpo Etérico o Energético

Es la matriz invisible que sostiene y vitaliza al cuerpo físico. A través de él circula el prana o energía vital. Cuando este flujo se bloquea, la salud se resiente; cuando fluye, nos sentimos plenos y vitales. Este cuerpo actúa como puente entre lo físico y lo sutil.

 

3. El Cuerpo Astral o Emocional

Aquí residen nuestras emociones, deseos y pasiones. Es el cuerpo que vibra con nuestras alegrías, tristezas, enojos y amores. La teosofía enseña que este cuerpo debe purificarse, porque si domina sobre los demás, puede arrastrarnos a estados de confusión y apego.

 

4. El Cuerpo Mental Inferior

Es la mente racional, lógica, analítica. Nos permite pensar, organizar, crear estructuras. Es esencial para vivir en sociedad y comprender el mundo, pero a menudo se queda atrapado en pensamientos limitantes si no se conecta con niveles superiores de conciencia.

 

5. El Cuerpo Mental Superior o Causal

Aquí empieza otra dimensión: la mente que no solo razona, sino que intuye, comprende lo universal y busca el sentido profundo de la vida. En este cuerpo habita la chispa del alma individual, donde se registran nuestras experiencias evolutivas.

 

6. El Cuerpo Búdico

Es el vehículo de la sabiduría, del amor universal y de la compasión. No se trata ya de pensar o sentir como individuo, sino de conectar con la unidad de todo lo que existe. En este cuerpo se despierta la verdadera intuición y la percepción de lo divino.

 

7. El Cuerpo Átmico

El más elevado. Es la esencia espiritual pura, la unión con lo absoluto, la parte eterna e inmortal que no nace ni muere. En este nivel ya no somos un “yo” separado, sino una chispa inseparable del Todo.

 

La teosofía nos recuerda que el ser humano es mucho más que un organismo biológico. Somos una sinfonía de cuerpos y energías, un puente entre lo material y lo eterno. Conocer estos siete cuerpos no es para sentirnos complejos, sino para vivir con mayor conciencia: cuidar lo físico, armonizar lo emocional, refinar lo mental y, sobre todo, despertar la chispa espiritual que late en lo más profundo.

Porque al final, entender estos siete cuerpos es reconocernos como lo que siempre fuimos: seres multidimensionales en un viaje de evolución y luz.

 

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

 Los Sueños: Puentes entre el alma y la vida

Desde tiempos antiguos, los sueños han sido considerados mensajes misteriosos que llegan en silencio cuando cerramos los ojos. Filósofos, místicos y científicos han intentado descifrarlos, pero siguen siendo un universo abierto que nos conecta con lo más profundo de nosotros mismos.

¿Son simples imágenes del inconsciente? ¿Son reflejos de nuestros deseos? ¿O son puertas que nos acercan al lenguaje del alma?

 

 El lenguaje oculto de los sueños

Los sueños hablan en símbolos. Una puerta, un río, un vuelo… no siempre son lo que parecen. Son metáforas vivas que nuestra mente y nuestro espíritu utilizan para mostrarnos aquello que no vemos despiertos.

  • Soñar con volar puede ser la voz interna que nos dice: “Libérate de lo que te ata”.

  • Soñar con agua puede ser un recordatorio de nuestras emociones profundas.

  • Soñar con una caída no siempre es miedo, a veces es un llamado a soltar el control.

Cada sueño es único, porque cada alma tiene un lenguaje propio.

 

 Los sueños como espejo interior

Cuando soñamos, nuestro inconsciente abre sus puertas y nos muestra aquello que evitamos en la vigilia.
A veces nos enfrentamos a miedos que creíamos superados. Otras, descubrimos fuerzas ocultas que aún no sabíamos que teníamos.

En ese sentido, los sueños son un espejo sincero: nos muestran no lo que queremos ver, sino lo que necesitamos comprender.

 

 Los sueños y lo espiritual

Más allá de la psicología, muchas tradiciones ven en los sueños un canal espiritual.
Algunos los consideran mensajes del alma, del universo o incluso de dimensiones más elevadas.

En el silencio de la noche, cuando el ego descansa, es más fácil escuchar esa voz que a menudo ignoramos: la voz de la conciencia profunda, la intuición o lo divino.

 

 El poder de escuchar a nuestros sueños

La pregunta no es solo “¿qué soñé?”, sino “¿qué me quiere mostrar este sueño?”.
Al reflexionar sobre ellos, descubrimos claves para crecer, sanar y avanzar.

✨ Escribir un diario de sueños puede revelar patrones ocultos.
✨ Meditar después de soñar intensamente ayuda a integrar el mensaje.
✨ Contar un sueño en voz alta nos conecta con su fuerza simbólica.

 

 

Los sueños no son simples imágenes nocturnas: son cartas que el alma nos envía a través de la oscuridad. Algunas cartas hablan de lo que tememos, otras de lo que anhelamos, y otras de lo que aún desconocemos.

La próxima vez que despiertes y recuerdes un sueño, no lo ignores. Pregúntate:
 “¿Qué parte de mí quería hablarme esta noche?”

Porque tal vez, en medio de un sueño, esté la clave de tu próximo despertar.

 

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

La Reencarnación: Ecos del Alma

Dicen que la muerte no es un final, sino un umbral. Como el río que nunca se detiene, el alma fluye de vida en vida, buscando reconocerse en cada reflejo.

La reencarnación no es sólo un mito antiguo. Es la intuición profunda de que lo que somos no cabe en una sola existencia. Cada nacimiento sería una página nueva en un libro infinito, donde lo aprendido se graba en silencios invisibles.

Los encuentros que estremecen, las miradas que parecen reconocernos, los miedos que no entendemos… ¿y si fueran huellas de otras vidas? El alma recuerda aunque la mente lo olvide.

Creer en la reencarnación es atreverse a ver la vida como un viaje eterno. No estamos aquí por azar, sino para pulirnos, amar, y quizá redimir viejas historias. Y cuando partimos, no es un adiós: es un regreso al misterio, para volver una vez más, hasta que el alma despierte del todo.

Al final, la pregunta no es si reencarnamos o no… sino qué semillas dejamos hoy para el jardín de nuestras próximas auroras.

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

Los Sueños: Puertas al Mundo Interior

Desde tiempos remotos, los sueños han fascinado a la humanidad. Para algunas culturas, eran mensajes de los dioses; para la ciencia moderna, son procesos neurológicos durante el descanso. Sin embargo, más allá de las teorías, los sueños siguen siendo un puente misterioso entre nuestra mente consciente y las profundidades del alma.

Un lenguaje simbólico

En el sueño, la lógica habitual se disuelve. Los símbolos reemplazan a las palabras, y cada imagen puede tener múltiples significados. Un río puede representar el fluir de la vida; una casa, la estructura de nuestra mente; un vuelo, la libertad o el deseo de escapar. Interpretar un sueño no es aplicar un diccionario de símbolos, sino escuchar lo que ese símbolo significa para el soñador.

Ciencia y misterio

Desde la neurociencia se sabe que durante la fase REM (movimiento ocular rápido) el cerebro procesa experiencias, emociones y aprendizajes del día. Sin embargo, muchos relatos oníricos incluyen elementos imposibles de explicar solo desde la biología: sueños premonitorios, encuentros con seres fallecidos o sensaciones tan reales que parecen vivencias auténticas.

El alma en el mundo onírico

Las corrientes espirituales sostienen que al soñar nuestra conciencia se libera parcialmente del cuerpo físico y accede a planos más sutiles. Allí podemos recibir inspiración, sanar emociones profundas o incluso encontrarnos con guías espirituales.
En este sentido, los sueños son mensajes del alma para ayudarnos a despertar.

Cómo trabajar con los sueños

  • Llevar un diario de sueños: Anotar cada mañana lo que recordamos, incluso fragmentos.

  • Meditar antes de dormir: Esto facilita sueños más claros y significativos.

  • Hacer preguntas al subconsciente: Antes de acostarte, enfócate en un tema que quieras entender.

  • Analizar emociones: Más que las imágenes, lo importante es cómo te sentiste en el sueño.

 


Los sueños son una brújula interior. A veces nos muestran heridas que debemos sanar, otras nos revelan caminos que aún no hemos transitado. Escucharlos es escucharnos a nosotros mismos.

 

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

La Teosofía: Un Puente Entre Ciencia, Filosofía y Espiritualidad

La Teosofía no es una religión ni una filosofía cerrada: es un camino de búsqueda. Su nombre, proveniente del griego theos (Dios o divino) y sophia (sabiduría), significa literalmente “Sabiduría Divina”. Más que un conjunto de dogmas, es una invitación a explorar las leyes ocultas de la naturaleza, el propósito de la vida y el potencial espiritual del ser humano.

Un origen que mira al pasado y al futuro

Aunque sus principios son antiguos y se encuentran en tradiciones como el hinduismo, el budismo y la filosofía platónica, la Teosofía moderna tomó forma en el siglo XIX gracias a Helena P. Blavatsky y la Sociedad Teosófica.
Su objetivo principal era triple:

  1. Formar un núcleo de fraternidad universal sin distinción de raza, credo o género.

  2. Estudiar religiones, filosofías y ciencias antiguas y modernas.

  3. Investigar las leyes no descubiertas de la naturaleza y los poderes latentes en el hombre.

Principios esenciales

Entre sus enseñanzas centrales se encuentran:

  • La Unidad de Todo lo Existente: El universo es un organismo vivo, interconectado y en evolución constante.

  • El Ciclo de Reencarnaciones: El alma es inmortal y regresa en múltiples vidas para aprender y evolucionar.

  • La Ley de Causa y Efecto (Karma): Cada acción, pensamiento o sentimiento deja una huella que influye en el futuro.

  • Jerarquías de Conciencia: Existen seres más avanzados espiritualmente —Maestros o Adeptos— que guían el desarrollo humano.

La ciencia y la Teosofía

Lejos de oponerse a la ciencia, la Teosofía la abraza como herramienta para comprender la realidad visible, pero advierte que existe un conocimiento aún más vasto: el de las causas invisibles que la ciencia materialista todavía no alcanza a explicar.

Un camino personal

La Teosofía no exige fe ciega. Cada persona es invitada a investigar, reflexionar y comprobar por sí misma lo que se le presenta. Es una senda de autoconocimiento y de servicio, que combina estudio, meditación y una vida ética.

En un mundo acelerado y fragmentado, la Teosofía nos recuerda que formamos parte de una gran red de vida, que nuestras acciones cuentan y que el propósito último de la existencia es evolucionar hacia una mayor sabiduría, compasión y unidad.

 

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

Karma: El Espejo del Alma y Cómo Liberarte del Ciclo

“Nada en tu vida es casual… todo es causal.”

 

 ¿Qué es el karma en realidad?

Cuando escuchamos la palabra karma, muchas veces lo asociamos con castigo o recompensa. Como si el universo nos premiara o castigara según lo que hacemos. Pero esta es una visión limitada.

El karma no es un juez externo.

El karma es un espejo: refleja nuestras propias energías, intenciones y aprendizajes pendientes. Nos devuelve lo que necesitamos ver, no lo que queremos evitar. A veces, lo hace con suavidad… y otras, con una sacudida.

 

 El ciclo: acción, causa y aprendizaje

Cada decisión que tomamos, cada palabra que pronunciamos y cada pensamiento que sostenemos deja una huella energética. Esa huella crea una causa que, en algún momento, tendrá un efecto.

Pero lo más importante no es el castigo…
Es la oportunidad de transformación.

“Aquello que se repite en tu vida no es una maldición: es una lección pendiente.”

 

 Ejemplo real: Sofía y las relaciones que se repiten

Sofía es una mujer espiritual que ha trabajado en su sanación por años. Pero una y otra vez, atrae parejas que la abandonan emocionalmente. Ella siente que hace todo “bien”, pero el dolor regresa como un eco.

En una sesión de meditación profunda, Sofía se da cuenta:
En una vida pasada, abandonó a su familia por miedo al compromiso. Hoy, en esta vida, el alma le muestra ese reflejo para que aprenda a permanecer, sostener y amar sin miedo.

Esa es la esencia del karma: no castiga, corrige desde el amor.

 

 

 ¿Cómo liberarte del karma?

Aquí no hay fórmulas mágicas, pero sí caminos que pueden ayudarte:

1. Observá tus patrones

¿Cuáles son los temas que se repiten en tu vida?
– Relaciones tóxicas
– Falta de abundancia
– Soledad o abandono
– Enfermedades repetitivas

Preguntate: ¿Qué me está enseñando esto? ¿Cuál es la emoción que no quiero ver?

 

2. Perdoná profundamente

El perdón libera karma. No se trata de justificar lo que pasó, sino de soltar la carga energética.

Perdonar no es olvidar.
Es liberar el contrato kármico que te une al dolor.

 

3. Reprogramá tus decisiones

Elegí distinto. Si en el pasado actuaste desde el miedo, hoy actuá desde el amor.
Cada elección consciente disuelve parte del karma acumulado.

 

4. Meditá y pedí guía

Tu alma sabe el camino. En silencio, podés recibir respuestas que tu mente no entiende, pero tu corazón reconoce.

Podés usar esta afirmación:

“Yo libero todo karma que ya ha cumplido su propósito. Agradezco la lección y elijo un nuevo camino.”

 

🕊️ Lo que el alma busca no es castigo, sino despertar

El karma es una herramienta del alma para ayudarte a recordar quién sos. No hay errores, solo caminos de retorno al amor, a la conciencia, al equilibrio.

Quizás la vida no sea injusta.
Quizás es perfectamente justa para lo que tu alma vino a aprender.

 

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 Absy Creations

Cuando el arte es medicina, el alma recuerda su camino.

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María Marta Moreiro María Marta Moreiro

Despertar no es una moda: es un llamado del alma

Todo empieza con una idea.

🌿 Introducción íntima

Hay un momento en la vida en que todo lo que antes parecía tener sentido se disuelve.
Las preguntas comienzan a pesar más que las respuestas, y lo que antes nos sostenía ya no nos contiene.
Ese momento no siempre es dulce. A veces llega como pérdida, como crisis, como un silencio incómodo que no sabemos cómo llenar.
Pero detrás de ese temblor, hay un llamado. Un susurro que no viene del mundo, sino del alma.

Y cuando ese llamado llega… no hay vuelta atrás.

 

 5 señales de un despertar real

1. La incomodidad con lo superficial
Ya no puedes soportar conversaciones vacías, distracciones sin alma ni rutinas sin propósito. Algo dentro de ti clama por verdad.

2. El impulso de cuestionar todo
Lo que te enseñaron, lo que viste, lo que seguiste. Todo entra en revisión. No porque seas rebelde, sino porque estás recordando.

3. Sensibilidad energética aguda
Empiezas a percibir vibraciones, intenciones, ambientes. Te afecta lo que antes ignorabas. Tu cuerpo y tu intuición se vuelven guías.

4. La búsqueda de significado profundo
Ya no quieres solo “vivir”. Deseas comprender, integrar, expandir. El alma empieza a guiar tus pasos más que la mente.

5. Atracción por lo sagrado
Puede ser la meditación, el arte, la naturaleza o el silencio. Tu alma reconoce lo que es real, y lo busca sin necesidad de explicaciones.

 

 Reflexión personal de la autora

Yo también pasé por ese crujido.
Fue como si la vida me sacara de lo cómodo para mostrarme que había algo más.
Y aunque al principio dolió, entendí que ese dolor era el lenguaje del alma despertando.
Hoy, no busco respuestas en el afuera.
Busco verdad en lo que siento, en lo que vibro, en lo que me eleva.
Y sé que si estás leyendo esto… tú también estás escuchando ese mismo llamado.

 

💫 Frase final

“Despertar no es escapar del mundo, es recordar que eres mucho más que él.”

 

 💌 Te leo…

¿Te sentiste identificad@ con alguna de estas señales?
¿Estás atravesando tu propio proceso de despertar?

💬 Déjame tu experiencia en los comentarios. Tu voz puede ser el reflejo que otro necesita.

 

 

 

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